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Cámara Argentina de Comercio
Fuente: Depto. de Economía de la CAC en base a apéndice estadístico

El nuevo gobierno militar asumido en marzo de 1976, a través de su flamante ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz, impulsó en primer término varias medidas tendientes a estabilizar la economía, iniciativas financiadas por un crédito del FMI.
Entre ellas incluyó la liberalización de precios aunque con el mantenimiento inicial de los sueldos, de modo de generar una caída del salario real que a su vez indujese una caída del consumo, y luego tanto una mejoría de la balanza comercial como una caída en los niveles de inflación.

   Más tarde, ante el fracaso de la estrategia inicial, se impondría una “tregua de precios” y la eventual subordinación de los mismos a través del manejo político de los aranceles de importación. Pero, en particular, vale la pena analizar el esquema de la famosa “tablita”, anunciado el 20 de diciembre de 1978, a través de la cual se explicitaba el calendario de devaluaciones y por ende la futura prioridad peso/dólar, destacándose también que las tarifas públicas, sueldos mínimos y el crédito tendrían sus propias “tablitas”.
Se suponía que este conjunto de cronogramas tendería a disciplinar y estabilizar los precios, pero en la práctica su funcionamiento evidenció que la Argentina enfrentaba problemas estructurales, como el de una economía indexada, que en este caso producía que los precios se incrementasen a mayor velocidad que las depreciaciones pautadas del peso respecto del dólar, lo cual generó una apreciación real de la moneda y un deterioro creciente de la balanza comercial, al abaratar los productos importados y encarecer las exportaciones locales. Todo ello se sumó a la profundización del déficit cuasi-fiscal derivado de la transferencia de fondos del Banco Central al sector financiero, producto de los vicios de la reforma financiera impulsada.

   Lo que sigue es, como todos sabemos, una crisis económica y de expectativas, corridas financieras, profundo deterioro del sector privado, una guerra inexplicable y, por último, un shock externo de consecuencias dramáticas para economías en desarrollo: la crisis de la deuda externa.

   En efecto, la astringencia monetaria de las grandes economías del mundo, buscando contener espirales inflacionarias, tendió a incrementar las tasas de interés y por ende el peso de los servicios de la deuda externa, lo que a su vez derivó en que varios países de América Latina –con México a la cabeza- declararan moratorias en el pago de intereses.

   En el plano estricto del comercio interior, no se puede dejar de mencionar que el fuerte reacomodamiento productivo dado que en esos años comenzó a dinamizarse el fenómeno del cuentapropismo, que se dio particularmente sobre el sector de comercio y servicios.
También debe mencionarse la decisión de “estatizar” parte de la deuda del sector privado con el exterior, iniciativa impulsada por el entonces presidente del Banco Central, Domingo Caballo, como forma de salvataje del mismo frente a las consecuencias de la mencionada crisis. En la misma línea, se dictó una serie de medidas tendiente a licuar pasivos del sector privado, lo que originó una fuerte distribución del ingreso en detrimento de los acreedores..

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