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Cámara Argentina de Comercio

   A pesar de la compleja situación institucional del país, un contexto internacional favorable y un repunte en la producción primaria –en parte gracias a una política expansiva del crédito- permitieron a su vez un incremento de las exportaciones del 60% entre 1961 y 1966, descomprimiendo así una situación de recesión y falta de divisas.

   Sin embargo, a pesar de haber crecido a una tasa del 10% anual en el bienio 1964/65, la crisis política ejercería una influencia demasiado pesada. En junio de 1966, caería el gobierno constitucional a manos de la “Revolución Argentina”, comandada por el General Onganía.
Con una devaluación del 40% y posterior fijación del tipo de cambio, aumento de salarios y posterior congelamiento, previo acuerdo con empresas formadoras de precios, el plan del ministro Adalbert Krieger Vasena, intentó, con éxito, atenuar las expectativas inflacionarias.

De igual modo se incrementaron las tarifas públicas, las tasas impositivas y se concretaron mejoras tangibles en los mecanismos de recaudación impositivas, lo que contribuyó a reducir a la mitad el déficit fiscal, aún con aumentos de la inversión pública en obras como El Chocón, Atucha o el complejo Zárate-Brazo Largo.
Asimismo, la estabilización reactivó el flujo de capitales hacia la argentina y motorizó un crecimiento que llegó a ser del 9,6% en 1969.
En el plano internacional, debe destacarse el ingreso formal de la Argentina al GATT en 1967.

   Pero un hecho de singular relevancia como fue el “Cordobazo” marcaría una vez más la restricción política que se imponía sobre la economía. A partir de allí, José María Dagnino Pastore, flamante ministro de Economía, debió enfrentar un nuevo reflujo de capitales, sumado a la presión de precios, impulsada en este caso por el sector de la carne, que comenzaba a reinstalar un incremento en la tasa de inflación.

   Esta situación inflacionaria se iría profundizando ya en el gobierno de ipso de Levingston, quien hacia 1970, y luego de un siglo de vigencia del signo monetario, reemplazó el peso moneda nacional por el “Peso ley 18.188”, equivalente a 100 unidades del anterior. El proceso de impulso a la “argentinización” de la estructura económica del país también había duplicado el déficit fiscal, de la mano de empresas públicas que habían multiplicado sus propios déficit entre 1969 y 1971.

   Para 1972, en pleno gobierno de Lanusse, la Argentina registraba la segunda tasa de inflación más alta del siglo: 58,2% anual. El breve regreso a una frágil democracia, esta vez sin la proscripción del peronismo, estaba muy cerca.

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